La BONDAD

En España se afirma: «Más bueno que el pan».

Es una frase que cobra sentido en lo que al buen hacer y al buen vivir se refiere: Un día bueno o, qué bueno que te encontré.

Sin lugar a dudas, la vida rezuma bondades por todas partes, tales como: tener un techo sobre la cabeza, algo que echarse a la boca, una sonrisa amiga y si te quitas los miedos y amarguras, sólo verás que estás rodeado de prodigios…

Y hablando de cambios podemos reconocer que pocos años atrás no podíamos ni imaginar que el internet nos daría la oportunidad de poder vernos y hablarnos desde cualquier parte del mundo. Es decir, tener tanto y, tan fácil. Sin embargo, nos cuesta apreciar más porque lo principal que nos gusta quejarnos. Esto obedece a qué miramos el pasado humano y nos gusta poner el énfasis en las guerras, las miserias, las hambrunas y las desdichas. Olvidamos que otros tiempos fueron mejores y ello acontece debido a que damos por sentado todo, y dejamos de apreciar y de agradecer el momento o el instante.

Somos «bichos de mal contento» y acumulamos motivos para el resquemor. Es más, si no los encontramos, los imaginamos, ya que para el caso tenemos un aliado inmejorable en esta tarea: el EGO. Él, se las ingenia para aburrirnos y hacernos proclives al mal estar.

!Cuanta desdicha levantada a cambio de nada!

Hacemos afrenta por cualquier comentario o mirada y como si fuera poco hasta del buen tiempo dudamos.

No hay mayor mentira que la de ese ego, en el que habitamos. Está ahí, cerquita, en los pliegues de la piel para mostrarnos dónde está el botón, el click necesario y quedarnos estáticos, así como atrapados en la inercia de padecer lo cotidiano. Nuestra tarea es, por tanto, salirle al paso a lo que no es y cruzar la acera. Sí, la gran Bondad significa que en el preciso momento en que vislumbres una caída de ánimo, la llegada de una tormenta, un ligero malestar o un ensombrecimiento del ánimo, sepas de inmediato y con presteza, que:

!NO PASA NADA! 

!Sólo es el ego! 

Tú ego, si lo quieres personalizar claro. 

Él constituye esa sombra de dudas, de engaños, de ardides, inseguridades, deseos e insatisfacciones… 

Y, qué es lo bueno? Que te avisa, y tú lo sabes… 

!Sólo es el ego! 

Tu apreciado ego, el único convocado que se interpone entre el alma y la Luz, y está ahí, no por maldad alguna, ni para amargarte, sino para enseñarte y darte al mismo tiempo, la oportunidad de aprender y así poder disfrutar del arte de vivir.

Nos enseña que en todo momento y circunstancia es preciso soltar, dejar ir, una y otra vez, sobre todo cuando se trata de aquello que NO ES, para volver al camino, a la tranquilidad del saber pasar por la vida. Es sólo eso: PASAR… La clave, por tanto, es entender que todo es posible pasarlo. 

El ego está para enseñarte que si te apegas y te resistes a fluir o te niegas a avanzar…! Por ahí no es!

!Cambia de carril! 

Y no olvides esto: con el tuyo basta. El ego de los otros, NO ES ASUNTO DE TÚ INCUMBENCIA, ni trates de hacerte cargo de sus mentiras. Para ti, sólo hay un ego, un interruptor, el tuyo: agradécelo, bendícelo, pero sobre todo recibe sus lecciones y luego suéltalo para siempre…

! Haz bondad !

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